3 poemas visuais de antónio gomez

poemas editados em “bicicleta” nº 10

Homenaje a Lorca

Homenaje a Lorca

 

Homenaje a Francisco Pino

Homenaje a Francisco Pino

 

Pareja de reyes

Pareja de reyes

 

 

 

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DEL LENGUAJE VISUAL AL LIBRO-OBJETO

um texto de antónio gomez

 

   Un acercamiento analítico a la naturaleza conduce siempre a un proceso reflexivo que a su vez necesita de variadas estructuras para que el fenómeno creativo se vea definitivamente materializado.

   Federico García Lorca, dijo:

   “Ningún ciego de nacimiento puede ser poeta plástico de imágenes objetivas, porque no tiene idea de las proporciones de la naturaleza. El ciego está mejor en el campo de la luz mítica, exento de los objetos reales y traspasado de largas brisas de sabiduría. Todas las imágenes se abren, pues, en el campo visual.”

   De los demás seres vivos, entre otras muchas cosas nos distingue el lenguaje y nuestra capacidad de comunicación, pero considerar al hombre como único productor de signos, no deja de ser una equivocación, el hombre aunque a veces realmente sea creador, es un signo más entre los signos.

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   En nuestra relación con todo lo que nos rodea, nos encontramos inmersos en una serie de lenguajes autónomos que poco a poco van siendo descubiertos y traducidos por nuestros sentidos. Los lenguajes tradicionales, por la cotidianidad de su utilización son lenguajes intencionados y sus funciones se limitan primordialmente a transmitir conocimientos, ideas, sentimientos, etc.

   Nada descubro admitiendo que los distintos lenguajes con que la sociedad actual nos bombardea, facilitan el conocimiento y dan forma a nuestra opinión sobre todo lo que nos rodea, reconozco que la peculiar visión a la que estos lenguajes nos ha abocado, nos obliga a que desarrollemos nuevos esquemas durante su utilización o bien cuando nos propongamos su lectura.

   La difusión que del lenguaje visual se está haciendo en estas dos últimas décadas    hace que se nos presente como un lenguaje novedoso. Lo cierto es que su origen se remonta a culturas anteriores a la nuestra y que estudiosos del tema ya se han encargado, acertadamente, de enlazar con el siglo XX las manifestaciones visuales de culturas primitivas  cuyos signos  de comunicación  fueron jeroglíficos, caracteres aztecas, cuneiformes, orientales, arábigos,..etc.  Aun teniendo tan ricos e interesantes antecedentes la gran mayoría de autores han llegado a esta práctica de una manera autónoma y personal, ha sido una vez introducidos cuando han descubierto a sus precursores.

   Las características que definen el lenguaje visual son la conjunción perfecta de elementos visuales y el uso de símbolos de distintos códigos de comunicación, teniendo en cuenta y asignándole un valor al soporte donde se realiza la obra.

   Si intentamos buscar un lenguaje visual a nuestra literatura, demostrar su nulidad en este campo nos resultaría demasiado fácil, nuestros textos son unívocos, en ellos no intervienen más elementos que los puramente basados y fundamentados en la linealidad del clásico discurso, Están herméticamente cerrados a los “lenguajes sin lengua”.

   El escritor se enfrenta ante un folio en blanco, en él escribe, se contenta mediante signos establecidos en transmitir intenciones particulares o realidades muy concretas y en algunos casos sus emociones,olvida frecuentemente que las letras, palabras, frases, son elementos aislados dentro del texto, olvida el equilibrio, la armonía, las proporciones, la perspectiva y presta sólamente atención a las leyes secuenciales del lenguaje. Utiliza el alfabeto sin buscar nuevas relaciones con él, pero una comunicación fundamentada en la integración  de varios lenguajes, capaz de utilizar creativamente los medios de expresión que nuestra época ofrece, nos hace prescindir de los esquemas que veníamos asumiendo por tradición.

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   La discursividad y monotonía se van desechando y el conocimiento de nuevas técnicas comunicativas, los dispares materiales empleados y la integración como parte importante, en algunas obras es secundaria y en la mayoría imprescindible y esencial. Otras manifestaciones artísticas como la fotografía, pintura, música o diseño, hacen que nuestras palabras, nuestras nuevas imágenes adquieran una carga de ambigüedad que aunque puedan ser discutidas por sus contrastes o por sus espectaculares avances, reflejan una coherente asimilación de principios que sin duda incitará directamente la curiosidad del receptor.

   Es evidente que un pensamiento sólamente puede manifestarse a través de un lenguaje, este lenguaje sólo puede ser verbal o de signos. Si llamamos lenguaje verbal al discurso organizado a base de signos unívocos con significación preestablecida y fijada de antemano y lenguaje de signos o símbolos al discurso que emplea signos ambiguos de significado vago y cambiante, vemos que mientras uno es concreto como sus conceptos, el otro es abstracto y su intencionalidad es la de sugerir, moviéndose para ello a nivel de la sensibilidad, sintetizando y clasificando una serie de percepciones y sensaciones visuales.

   Pero el creador visual no rechaza el lenguaje verbal o natural, hace de él un material más, para utilizar en su trabajo. Este lenguaje que usamos a diario, es empleado dándole nuevas significaciones, aludiendo a unas cosas por medio de otras. Trucos, juegos, rodeos de lenguaje, son utilizados como metáforas, transformando la información puramente semántica del lenguaje en información estética.

   Los creadores visuales, toman la ambigüedad como lenguaje natural, como el fin y el  medio de su expresión, con una gran dosis de esta ambigüedad hacen frente a todas las sensaciones que pasan por su pensamiento sin encontrar signos lingüísticos capaces de describirlas con la precisión deseada.

   Este acercamiento  acelerado al lenguaje visual, lo hago desde mi visión de poeta experimental practicante. Desde que en Mayo de 1972 publiqué en Cuenca mi primera obra visual “20 poemas experimentales” hasta hoy, he intentado hacer poesía con medios no precisamente poéticos, con conceptos mutantes y apartándome de análisis semánticos y semióticos, ajeno a definiciones y teorías que especialistas y críticos asignaban a las manifestaciones que sucesivamente  irían apareciendo con las últimas tendencias. Me llegaban los nombres que la poesía iba recibiendo:

   Concreta, visual, espacial,   aleatoria, evidente, fonética, letrista, gráfica, elemental, electrónica, automática, gestual, cinética, simbiótica, ideográfica, multidimensional, artificial, permutacional, encontrada, simultánea, casual, estadística, programada, cibernética,semiótica, estos nombres de acepciones de la poesía, más que en movimientos, quedaron en nombres de movimientos. No sólo en lo poético se encuentra la poesía, lo antipoético también  tiene su propia poesía.

   Desde 1975, cada vez que me enfrento a una obra visual, recuerdo siempre  una frase que en esa época oí de Joan Brossa: “La vida es corta y el poema ha de ser abarcado con  una sola mirada”. Busco desde entonces una comunicación visual inmediata para todas mis manifestaciones poéticas.

   Paso ahora a relacionar este tipo de lenguaje con los libros y para ello copiaré a continuación la definición que mi diccionario hace de la palabra libro:

   “Reunión de muchas hojas de papel, vitela, etc, que se han cosido o encuadernado juntas con cubierta de papel, cartón, pergamino u otra piel, etc. y que forman un volumen.”

   Ateniéndome a esta definición mi diccionario se puede considerar como un libro, de él podríamos decir también que es un continente accidental de textos.

   En su origen los libros fueron exclusivamente continentes de textos, pero es obvio que pueden contener otros lenguajes, además del lenguaje literario, todo sistema de signos tiene cabida dentro de la estructura de un libro.

   El lenguaje visual busca dentro de estructuras (libros) nuevas fórmulas de asociación y crea con formas propias nuevos códigos de comunicación, utiliza conjuntamente nuevos signos y símbolos, elementos fonéticos y visuales, elementos tipográficos, valora el color y la forma, valora el signo semántico como tal signo y el espacio o soporte donde va a desarrollarse la obra, dándole   a la página la categoría de espacio artístico en potencia, espacio donde se puede exhibir un trabajo. Junto al lenguaje semántico busca el estético.

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   Las imágenes no son meras ilustraciones de textos y los distintos elementos de estas estructuras proporcionan una mayor riqueza interpretativa y de participación, uno de estos elementos es el texto, pero no tiene porqué ser el más importante y hay ocasiones en que el lector es a su vez el nuevo creador de la obra.

   El lenguaje tal como se ha venido entendiendo, tiene sus limitaciones, hay sensaciones que al intentar expresarlas, nunca quedamos satisfechos de los resultados, estas situaciones son las que el nuevo lenguaje ayuda a resolver.

   Los libros que el lenguaje visual plantea, son realidades autónomas, autosuficientes y se pueden considerar más internacionales que el tradicional libro escrito (muchos de ellos no necesitan ser traducidos), a estos se les viene conociendo con el nombre de “libros-objeto”.

   Al hablar de libros nos encontramos con una serie de ellos ya reconocidos y aceptados popularmente. Existen libros sagrados, libros de caja, libros de oro, de ritual, de texto, de coro, de inventario, etc., todos ellos con unos contenidos peculiares y destinados a unas funciones tan específicas  como concretas, después de la importancia que el libro-objeto ha adquirido en estos últimos diez años, viene con todo merecimiento a engrosar esa lista.

   El libro tradicional dada su unidad literaria y su monotonía visual nos sugiere unos valores tranquilizadores y unitarios, transforma inevitablemente los textos creados por escritores en justificaciones culturales del lector y aunque a veces, editor o autor pretendan seleccionar los medios de propaganda y difusión de sus libros, terminan siendo un producto de consumo ofrecidos camufladamente como instrumentos de información para adquirir una mayor experiencia. El libro se convierte en nuestro cómplice, nos lleva hasta cambios de opinión y a nuevas actitudes en el desarrollo de nuestro acontecer diario, el libro transforma nuestra vida.

   Al margen de contenidos, un libro, un continente de lenguajes, es un objeto con un peso y unas medidas que nos dan un volumen en el espacio.

   Sería una torpeza  pretender aplicar el mismo baremo, utilizar una misma escala a la hora de valorar los méritos de un libro y los méritos del texto que ese ejemplar contiene, pero sería una torpeza también ignorar que los libros como objetos que son, con su propia realidad exterior, están sujetos a unas condiciones de percepción que proporcionan nuevas maneras de comunicar.

   Estos libros, vistos como objetos autónomos en el espacio ofrecen al lector-espectador, nuevas alternativas y con ellas están potenciando las posibilidades de comunicación de todos los géneros literarios y de cualquier otro sistema de signos o símbolos.

   Los escritores no escriben libros, está muy claro que lo que ellos hacen es escribir textos, si asumimos esto y que información no es necesariamente comunicación, estamos en disposición de poder interpretar fácilmente nuevos códigos de lectura.

   En este tipo    de publicaciones nada tiene consistencia aisladamente, la estructura del libro considerado como libro objeto, la forman la suma de todos sus elementos y el mensaje final que oferta al lector es el libro en sí, el libro en su totalidad.

   Ante todo, un libro-objeto no es un mero soporte de palabras, es una secuencia de espacios desarrollados en cualquier lenguaje escrito y en cualquier sistema de signos, el lenguaje literario es el menos empleado en estos libros.

   El creador de libros-objeto, hace libros, utiliza eficientemente las posibilidades espaciales de la página, explota su potencialidad táctil y propone formas, medidas y colores adecuados, es el único responsable de que el libro alcance a ser un hecho real.

   Las medidas, la forma, los colores y los materiales empleados nos proporcionan una experiencia visual, táctil y hasta olfativa, pudiendo darse el caso  de ser más importante y enriquecedora que el propio contenido ofrecido por el texto.

   Las editoriales del sector libro, que por norma se someten a la política del bestseller, condenan a este tipo de publicaciones al cajón del olvido dejándolos fuera de sus proyectos, son libros de difícil ejecución, caros y minoritarios y salvo alguna pequeña editorial marginal, la mayor producción son autoediciones de muy corta tirada y realizados con técnicas totalmente manuales. Han sido los propios creadores, quienes a base de presentaciones y muestras han formado un público incondicional y cada día más numeroso.

   Hasta aquí mi comentario, quizá elemental y rápido, pero como introducción espero que suficiente, quisiera aclarar que el haber expuesto estas notas, no supone aceptar esto y negar todo lo demás, todo lo demás me ha hecho llegar a esto y esto valora y utiliza a todo lo demás.

Antonio Gómez – texto e imagens –> in: arquivos de “domador de sonhos”